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Inclusión Social
 
 
 
La estrategia de acercamiento a la comunidad que permite desarrollar acciones de formación en los sectores vulnerables de la ciudad, llevó a el SENA a impartir un interesante proceso pedagógico en Panadería, en el que participaron 39 aprendices del asentamiento humano El Timi.
 
 
 
 
 
Entre polvorientas calles y humildes casas de madera, transcurre la vida de los cerca de 25 mil habitantes del corregimiento Currulao en el municipio de Turbo -Urabá antioqueño-. Allí, a pesar de la falta de recursos, la comunidad se esfuerza por compartir lo que tiene con los más necesitados, especialmente con los niños.
 
 
 
Con el cabello decorado con finas hebras de sabiduría, la experiencia marcada en la piel, a paso lento y con la convicción de que nunca es tarde para aprender, Víctor Gil García, de 71 años, se formó en Informática Básica en la Regional Atlántico. Ahora no sólo podrá contarles a sus 10 nietos historias del ayer, sino construir junto a ellos un presente tecnológico.
 
 
 
La Organización Mundial de la Salud define la discapacidad como “deficiencias y limitaciones que afectan una estructura o función corporal que dificultan la ejecución de acciones y restringen la participación en situaciones vitales”. En Colombia, el último censo realizado en 2005 por el DANE, estableció para el país una prevalencia de discapacidad del 6.4% y muestra que de cada 100 colombianos con limitaciones, 17.3 tiene problemas permanentes para oír y 12.9 para hablar.
 
 
 
 
 
 
De generación en generación, los indígenas de nuestro país han transmitido sus conocimientos en diferentes artes a los miembros de sus comunidades, prolongando así las técnicas de elaboración de diferentes objetos, que anteriormente eran de uso cotidiano, y hoy en día se han convertido en artesanías comercializadas.
 
 
 
 
 
“Un nuevo mundo de conocimientos, oportunidades laborales y relaciones sociales se abre ante nosotros”, expresa Ana María Sarmiento Rojas, una joven mujer invidente que recibe formación SENA en la capital del Caquetá, a través del programa Ágora Colombia.
 
 
 
 
 
“Es muy significativo que vengan los jóvenes del SENA a compartir sus alimentos con nosotros. A estos barrios pobres casi nunca viene la gente y menos a regalarnos un plato de comida”, afirmó Anabey Rodríguez, presidenta de la Junta de Acción Comunal del barrio Centenario.
 
 
 
 
 
1.440 minutos de cultura, diversidad, música, arte y de jóvenes unidos para lograr que la ciudadanía viviera en paz durante un día completo. Hip hop, rock, chirimía, pop y hasta funk sonaron en la tarde y noche del miércoles 2 de octubre y la madruagada y mañana del jueves 3. Aprendices del SENA y los asistentes de la capital se unieron para convivir con tranquilidad.
 
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