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Inclusión Social / Instructores
 
 
 
Después de 15 años desempleado y con escasas oportunidades en el mercado laboral, Manuel Mandón no encontró empleo, sino todo lo contrario: el empleo lo encontró a él. “Un día me llamaron y me dijeron que había una vacante como instructor en el SENA, yo sabía que Dios no iba a permitir que la vejez me llegara solo y sin un medio para subsistir”, dijo Manuel.
 
 
 
 
Jorge creció con los sonidos de los animales y de las botas cuando pisan los caminos aún sin pavimentar. Pero el sonido más familiar era el de la aserradora de su padre, quien se dedicaba a realizar esta actividad para sostener económicamente a su familia.
 
 
“Soy como soy, simplemente las cosas que hago las hago con amor y siempre tengo una sonrisa cada día”. Este es el secreto que Martha Cecilia Ospino Cursio aplica para ser tan querida entre los Directivos, Instructores y Aprendices del SENA. Ella no tiene límites, y aunque sufre una discapacidad física, no deja de lado el anhelo de recuperarse: “Nunca he perdido la fe y la esperanza en Dios”, afirma con gran convicción.
 
 
“Ver para hacer y hacer para aprender” es la frase que día a día alienta el quehacer pedagógico del instructor caqueteño Luis Javier Silva Quiroz, quien desde los siete años, como resultado de una meningitis, perdió totalmente el sentido de la audición, hecho que no le impide desarrollar hábilmente su labor académica en el Centro Tecnológico de la Amazonía del SENA en Caquetá.
 
 
Oscar Ivan Roque Mosquera, aunque nació en Popayán en 1952, se considera cucuteño, por adopción. Este artista plástico es instructor del SENA hace 33 años. Inició su experiencia en 1968, como aprendiz de la Entidad. Sus primeros instructores fueron europeos, quienes le enseñaron los secretos de la pintura, talla, tejidos y madera, que son los pilares de su vocación artística. (vea galería fotográfica)
 
 
 
 
 
 
Con sus canastas llenas de ‘deditos’, roscones y toda clase de fritos, tres niños de Montería iban de casa en casa, a las tiendas del barrio y en las entradas de los colegios a vender lo que su madre producía. De eso, obtenían el sustento para vivir.
 
 
 
 
 
Los altos indicadores de deserción escolar que alcanzan cifras alrededor del 50% en todos los niveles de la educación, inquietan a los directivos del sector en Colombia y a nivel mundial, llevando a diseñar políticas sectoriales que buscan no sólo mejorar la cobertura sino también que los jóvenes que entran al sistema, culminen con éxito su programa de formación académica.
 
 
 
 
 
Con el propósito de garantizar el acceso a la tecnología, en Caldas surge el proyecto ‘Vive Digital’, una iniciativa de inclusión para el sector educativo del Departamento. Docentes y estudiantes rurales podrán interactuar con las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones –TIC–.
 
 
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