Tunja (Boya.), 11 de junio de 2012.- Chitaraque está ubicado en una región que se caracteriza por el cultivo de la caña panelera y por ocupar el primer lugar como productor de panela en Boyacá. Es allí donde Osmar Cárdenas, a sus 38 años de edad, es el propietario de la única talabartería que existe en el municipio.
“Acá llega mucho arreglo de monturas y traen los aperos viejos para remodelarlos, se les quita todo el cuero todo lo viejo que tengan y se empieza a remontarlas hasta que las deje como nuevas”, afirmó Osmar
Como el sector económico predominante en la región es la agricultura, es necesario el uso de equinos para el transporte de los productos. Esto llevó a Omar a especializarse, cada día más, en el arte del cuero: elabora no solo las monturas, sino, también, llaveros, estuches para celular, correas, accesorios para monturas, y todo lo relacionado con el cuero entre otros.
Campesino ‘de cuero duro’
La historia de Osmar no suena diferente a la de cualquier colombiano, de no ser porque la parte derecha de su cuerpo está sin fuerza, producto de una parálisis que sufrió cuando apenas tenía 18 meses de nacido; sólo volvió a caminar a los seis años, con ayuda de aparatos ortopédicos.
“Duré con aparatos como hasta los 10. Me pusieron a la escuela a los 11 años, porque tenía poca fuerza: caminaba y me caía; gracias a Dios y a pesar de lar discapacidad, mi papá me enseñó a trabajar en el campo. Él, por ejemplo, me sacaba a echar azadón y machete; la gente le decía don José, ‘no ponga a ese muchacho a trabajar, pobrecito’. Él, me amarraba el azadón a la mano con un pañuelo y me ponía a trabaja. Hoy en día, yo le agradezco porque si no hubiera así sería un ser inservible, porque todos me tendrían consideración”, expresó con nostalgia
El SENA y su futuro
Osmar, toda su vida se dedicó a trabajos fuertes en el campo, como la recolección de caña, hasta el día en que unos vecinos le hablaron del curso de talabartería, que el SENA había llevado a Chitaraque. Empezó a asistir a clases ocupando siempre los extremos del salón.
José Adán Mejía, instructor del SENA, comenta: “Cuando yo me acerqué a hablar con él me di cuenta que solo le funcionaba medio lado del cuerpo; la mano derecha era como un péndulo es una mano muy pequeñita y sin ningún tipo de fuerza. Yo le pedí a Osmar que se integrara al curso. Para mí fue el reto inmediato; me dije: a él lo voy aponer a trabajar.
“Nada me queda grande”
Trabajar el cuero no fue fácil para Osmar, ya que éste material tiene propiedades de resistencia y flexibilidad, y sólo tiene su mano izquierda, con fuerza y habilidad, para trabajarlo. Muchas veces le manifestó al instructor que no podía hacer las prácticas; siempre le pedía ayuda a sus compañeros para desarrollar cualquier actividad. En una ocasión, debía templar el cuero de un asiento, para lo cual requería mojarlo, tensarlo con una tenaza y apuntillarlo. Como creía que no podía, se dirigió al instructor y le manifestó su incapacidad, ante lo que José Adán le expresó: “usted puede y debe sacar todas sus habilidades”.
En otras oportunidades, el instructor realizaba tareas con una sola mano para demostrarle que si se podían hacer las cosas con una sola extremidad. Viendo eso, Osmar se concientizó que si era posible y comenzó a repetirse: “a mí, nada me queda grande”. A esa convicción, le agregó el uso de una herramienta llamada ‘hombresolo’. Ahí comenzó su verdadero triunfo como talabartero. “Gracias a Dios saque todas mis habilidades y puedo trabajar cualquier pieza” , expresó
El empeño es lo necesario para crear una empresa
Una vez recibió su diploma, Osmar, con ayuda del instructor decidió caminar con paso firme hacia la creación de su empresa de Talabartería. No le importó que muchos vieran imposible esa empresa, por su discapacidad, pero, sobre todo, porque sólo contaba con un capital de 500.000 pesos y el arriendo del local valía 100.000.
Eso no fue un obstáculo para Osmar. Empezó vendiendo forros para celular en las ferias de los pueblos cercanos; poco a poco se dio a conocer: “Me fui para Santana. De mi casa saqué la parrilla a la nevera y coloqué ahí los estuches y primeras piezas que elaboré. Allá, en Santana vendí una parte”
Con la venta de los estuches compró algunas herramientas de trabajo. Cuando adquirió lo necesario, alquiló un local en Chitaraque y empezó a trabajar. Hoy, se siente orgulloso de lo que logró conseguir con mucho esfuerzo y con fe en que los sueños se pueden convertir en realidad
El cuero hecho arte
La guarnicionería o talabartería es el arte de trabajar diversos artículos de cuero o guarniciones para caballerías. Se considera guarnición a todos los elementos de la espada que sirven para sostenerla o para proteger a la mano o manos que la empuñan, así como a la fabricación o arreglo de sillas de montar de caballería, albardas y aparejos: las monturas para los caballos y las albardas y aparejos (para montar los animales) para asnos y mulos. La persona que se dedica a la guarnicionería recibe el nombre de guarnicionero o talabartero.