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No sólo los circuitos fabricados por los aprendices son manuales; elementos como esta bombilla también son elaborados artesanalmente. Foto: Oficina de Comunicaciones SENA.
 
 
Los biodigestores son estructuras artesanales realizadas por los aprendices. Actúan como pozos sépticos, están empotrados en el piso y se conectan a la estufa a través de ductos aéreos de PVC. Foto: Oficina de Comunicaciones SENA.
 
Campesinos generan su propia energía con tecnología SENA
 
 

Girardot (Cun.), 28 de septiembre de 2012.-  Más de 350 familias de las zonas rurales de El Colegio y Tocaima en Cundinamarca, y Melgar y Carmen de Apicalá en Tolima acceden paulatinamente a la utilización de un servicio alternativo de energía, con lo que se responde a una necesidad básica insatisfecha y mejora ostensiblemente su calidad de vida.

 

 

Una ‘lucecita’ nos sirvió como guía para llegar a la finca de Doña Blanca… ”No hay pierde, es la única que tiene electricidad en toda la vereda”, nos advirtió un lugareño, mientras ahuyentaba el polvo de la carretera destapada.

 

 

Minutos más tarde, ya acomodados en el patio de la anfitriona, Blanca Lilia Hurtado, verificamos la advertencia que recibimos desde la trocha: es la única de una docena de casas que conforman la vereda San Judas, en Anapoima, que cuenta con fluido eléctrico propio.

 

 

“Nos cansamos de solicitarle a la Alcaldía la instalación del servicio, en eso se nos fueron tres años y nada, por eso me tocó a mí mismo buscar la forma de ‘echarle’ luz a la casita”, dijo Germán  Tibaquirá, esposo de Blanca y aprendiz de  la formación de Energías Alternativas del Centro de la Tecnología y el Diseño para la productividad Empresarial de Girardot.

 

 

Con un panel de 60 vatios, que se alimenta de  energía solar, y una batería seca de 65 amperios por hora, Tibaquirá acondicionó un rudimentario pero efectivo circuito que le permite generar luz para cinco bombillos y algunos electrodomésticos por espacio de seis horas diarias.

 

 

“Es una técnica que desarrollamos desde hace dos años, cuando la implementamos por primera vez en la finca El Paraíso de la vereda El Copial. Los aprendices fabrican circuitos artesanales basados en tecnología LED con  conexión para  un televisor, una grabadora, una licuadora y otros implementos como cargadores de celular”, explicó el instructor de la formación, Juan Felipe Cardona, quien también afirmó que la única inversión cuantiosa se hizo en la compra del panel y la batería, cuyo costo comercial no supera el 1,5 millón de pesos, “pero si lo dividimos por 12, lo que significa que el costo mensual del servicio podría resultar muy  por debajo del promedio nacional”.



Son 1.200 campesinos los que hoy, dos años después de la aplicación de esta prueba piloto, se benefician.

 

 

Gas casero, a partir de excretas



A Rufina, una monumental exponente porcina la preparan para que su carne sea parte de un suculento plato, pero no solo de ella se beneficiarán sus  comensales, ya que gracias al ingenio de aprendices de Energías Alternativas sus excrementos servirán para generar gas domiciliario a partir de la creación de unidades productoras de combustión, conocidas como biodigestores.

 

 

“La fermentación de las heces al interior de los biodigestores genera la producción de los gases, que mediante un proceso de ebullición llegan a las estufas como una forma alternativa y segura de combustión”, precisó Sergio Andrés Barrera, instructor de la formación.

 

 

Los biodigestores contribuyen al mejoramiento del medio ambiente y a la economía del hogar. Un metro cúbico de gas –que alcanza para  cinco horas de cocción– se logra a partir de 30 kilogramos de excretas de ganado, lo que producen en promedio, diariamente, tres cerdos y dos vacas.

 

 

El proyecto desarrollado por 31 aprendices del programa Jóvenes Rurales Emprendedores, permite que 175 campesinos de Pulí, Viotá, Beltrán, Agua de Dios y Guataquí, también en Cundinamarca, cuenten con el acondicionamiento de sus propias unidades de gas para cocina.

 
    
 
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