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El 24 de mayo de 2007, Ana María alcanzó la cumbre del Monte Everest, convirtiéndose en la primera mujer colombiana en lograr esta hazaña.
 
 
A 5.321 metros sobre el nivel del mar, en el Nevado del Ruiz, donde empezó su travesía.
 
En el camino a la cima, los altibajos la llevaron a la meta
 
 

Aunque siempre fue deportista, Ana María Giraldo Gómez nunca imaginó que conquistaría la cumbre del Monte Everest; por su cabeza nunca pasó que sería la primera mujer colombiana en lograr esta hazaña que hoy la llena de orgullo y le permite enfocarse en nuevas metas.

 

Esta caldense, egresada SENA, se formó como guía turística, ya que desde muy joven se dedicó a trabajar en el Nevado del Ruiz, donde entendió que su labor requería preparación y más conocimientos. “Ingresé con varios compañeros y durante año y medio estuvimos formándonos, fue un proceso muy enriquecedor que aportó al servicio que estábamos prestando”.


Hasta el Nevado del Ruiz, en el año 2002, llegó la oportunidad que la llevó a integrar el equipo de montañistas y escaladores colombianos que se han empeñado en conquistar las siete cumbres más imponentes del mundo.

 

En sus recorridos y ante las adversidades, comprendió que muchas veces para alcanzar la cima hay que descender y volver a empezar, que no siempre el camino más corto lleva a lograr las metas. “En el 2006 fuimos a un entrenamiento en el Monte Shisha Pangma del Himalaya; fue una experiencia muy difícil porque era prácticamente el primer fracaso que teníamos, pero sin duda fue nuestro aprendizaje”, afirmó.

 

Tras la desilusión que les produjo no alcanzar la cima, llegó Asia, al Everest, con sus múltiples historias de conquistas y fracasos. “El estar tan focalizado en una meta te puede dejar en una zona donde ya no puedes ver el riesgo, analizar el entorno y cometer errores”.


Ana María y sus compañeros iniciaron en el 2007 su recorrido con la convicción de llegar como equipo hasta la cumbre y el propósito de llevar a la primera mujer colombiana a la cima, honor que le finalmente le correspondió a ella. “Ganar no es quedar por encima del otro, es construir con el otro, y cuando te sumas a un equipo tienes que entender que tú no estás apostando carreras con el otro, tú estás construyendo con el otro”.


En su trayecto enfrentó dificultades y contratiempos que disminuyeron sus fuerzas físicas, pero no su empeño y decisión de llegar a la cima. “En esos momentos es donde resulta pertinente retroceder un poco, tomar distancias, ver las cosas en perspectiva y ser tu propio observador, para ver las situaciones con claridad, tomar impulso y fuerza, y continuar”, indicó Ana María.

 

Su experiencia en el ascenso al Everest le permitió entender mejor su oficio. Su guía en el recorrido, un nativo de la región, se convirtió en un factor fundamental para concluir con éxito esta expedición; de él entendió que esta labor requiere integralidad: “Una parte fundamental es ser muy profesional en lo que se hace, es decir, capacitarse bien para que el servicio que uno esté brindando, la información y el soporte a la gente estén totalmente estructurados”.

 

En el Himalaya, a 8.848 metros sobre el nivel del mar, Ana María observó al mundo, puso los pies en la tierra y comprendió que este logro era uno más en su camino. “El aprendizaje fue increíble; los lugares, las personas, todo lo que vivimos, la misma cumbre y el hecho de lograrlo fue muy bonito, pero no fue el fin en sí mismo, sino un paso más para llegar a otros lugares”.


Después de recorrer diferentes continentes y llenarse de gloria, volvió al Centro de Comercio y Servicios del SENA Caldas, donde compartió sus experiencias con los aprendices de Guianza Turística, a quienes motivó a ofrecer un buen servicio, ya que encontró nuevos retos para mejorar este oficio. “Pienso que el segundo idioma es importante; vi guías que hablaban francés, inglés, español e italiano; y eso sucede aquí al lado de Colombia, en Perú. Pienso que la capacitación es significativa, como lo es la unión entre los diferentes actores del gremio, el amor a lo que se hace y conocer nosotros mismos lo que tenemos”.


Esta montañista sigue entrenando, pasión que ha complementado con su labor de consultora organizacional, su formación en guianza turística y su profesión como ingeniera industrial.


 
    
 
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